Algunas veces recuerdo aquellas cenas hobbit que organizábamos en mi casa hace un par de años.
Para aquellos que no sepan qué es una cena hobbit... claro, a lo mejor entre mis (espero que no demasiado) sufridos lectores hay algunos que no saben ni siquiera lo que es un hobbit. Es un ser, muy parecido a nosotros excepto por algunos detalles. El primero y más relevante, es que nos dan mil vueltas en lo que a sentido común y sencillez se refiere. El segundo es que miden entre tres y cuatro pies (90 y 120 cm.). El tercero es que siempre van descalzos, pues tienen en las plantas de los pies duras como el cuero, y en el empeine les crece un espeso cabello rizado que les protege contra el frío. Es posible que la profesión de zapatero sea la menos ejercida por los hobbits, amén de la de político, que solamente hay dos. El primero es el alcalade, cuya única y exclusiva función es la de presidir los baquetes que se organizan en Cavada Grande en las fiestas. El segundo es el Tháin, cabeza visible de la gran familia de los Tuk del Alforzaburgo, de los Grandes Smials, y cargo nominal donde los haya, porque consiste en tomar el mando en las batallas en las que participan los Hobbits, evento que tiene lugar una vez cada mil quinientos años más o menos.
Bueno, pues otro detalle que caracteriza a esta notable raza es el de que rinden culto a su estómago más que ninguna otra. Sus banquetes (elemento esencial de cualquier fiesta hobbit) no tienen parangón, y consumen las más deliciosas viandas siempre que tienen ocasión para ello. Esto ocurre con frecuencia, dado que siempre están buscando excusas para hacer una fiesta. Los cumpleaños en La Comarca (así se llama la tierra donde viven los Hobbits) suelen celebrarse por todo lo alto, y son frecuentes. Una vez incluso celebraron un banquete porque ese día no era el cumpleaños de nadie.
Bueno, pues de vez en cuando se organizaban cenas hobbit en mi casa. Todos traían algo de comer y/o beber, nos poníamos en círculo y al lío. Solía ser copiosa y prolongada. después se cantaban canciones (para desesperación de mis vecinos) y se contaban cuentos a altas horas de la noche, cuando ya estábamos hartos de comer y de beber. La primera cena hobbit que organizamos fue especial. Es una de las noches que guardo en mi corazón, una noche que habría dado lo que fuese porque no hubiese terminado nunca.
sábado, marzo 29, 2003
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